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Nuestro primer viaje juntas

Aquí estamos de nuevo, en un aeropuerto. Puede que sea un problema, pero me emociona demasiado estar en un aeropuerto. Me entran ganas de llorar de la emoción y todo si lo pienso. ¿Hay algo mejor que esa sensación? Quiero recorrerme el mundo entero y para eso estamos aquí. Para seguir en ello.

Esta vez volamos a Billund. Que después de un cambio de horario en el vuelo, salimos en el autobús de las 4:30 de la mañana al aeropuerto de Bilbao. Qué suerte tenemos… Lo peor es cuando nos damos cuenta de que podíamos haber cogido el siguiente bus.

Pasamos el control bastante rápido a pesar de presenciar una situación un tanto extraña, y nos sentamos en una cafetería a desayunar tranquilamente. Y tan tranquilamente que, cuando decidimos levantarnos y dirigirnos a nuestra puerta de embarque, nos cruzamos con una azafata que iba a buscarnos. ¿Qué está pasando si en realidad vamos en hora?

De muy malas maneras nos dice que si queremos volar que nos demos prisa. Que todos los pasajeros están ya sentados esperando a despegar. Nos pone algo nerviosas y no sabemos ni qué contestarle. Sacamos rápidamente las tarjetas de embarque y al entrar al avión vemos que todavía hay gente buscando sus sitio. Algo incomprensible, dado que nos han hablado fatal, pero así le damos algo de emoción a este viaje.

Hacemos escala en Munich pero para el mediodía ya estamos en Dinamarca. Es de los vuelos más cortitos que hemos hecho juntas. Al llegar a Billund cogemos nuestro coche de alquiler y antes de empezar el viaje nos metemos al cuerpo una tortilla de patata entre las tres preparada por Diego que nos sabe a gloria.

Y estamos listas para llegar en coche hasta Aalborg, a donde llegamos en dos horas. Para hacer tiempo y poder aparcar gratis en la calle pasamos primero por el supermercado para hacer la compra de la cena y desayuno. Con tal buena suerte de que no ponemos bien el freno de mano y a menos de 24 horas de empezar el viaje, ya le hemos dado un golpe al coche, dejándole una buena marca. Un golpe tonto, pero es en esos momentos cuando agradeces infinito haber contratado el seguro a todo riesgo. Nunca diremos cuál de las tres le dio el golpe al coche. Eso quedará entre nosotras.

Entre risas y llantos, compramos todo lo necesario, aparcamos el coche, dejamos todo en la habitación y nos damos un paseo por la ciudad. Una ciudad muerta sin apenas ambiente ni vida por las calles. Algo bastante aburrido, porque visitas la ciudad muy rápido y tampoco es para tanto.

Lo que sí nos gusta es el paseo junto al canal, en el que hay un montón de mesas tipo picnic. Así que vamos para allí y, aunque no hay mesas libres, nos sentamos por allí a comernos el bocata. Un bocata que nos hemos preparado con lo que hemos comprado en el supermercado y lo que hemos traído de casa (embutido envasado al vacío). Dinamarca está demasiado cara como para andar como unas locas comiendo de restaurante.

Estamos muy cansadas por lo que no tardamos demasiado en subir a la habitación, darnos una ducha y caer rendidas en la cama; contentas de ver que el viaje puede que sea algo más emocionante de lo que pensábamos.

Para empezar el primer día como se merece nos hacemos el desayuno en la microhabitación de nuestro hostal. Hay el espacio justo pero necesario para sobrevivir dos días en Aalborg sin gastarnos todos nuestros ahorros. Comparando con otros viajes que hemos hecho, esto se nos hace bastante más caro. La estampa desayunando no la he fotografiado pero era bastante singular.

En cuanto estamos listas ponemos en marcha el coche dirección Skagen, la parte más al norte de Dinamarca. Lo que no esperábamos era que a una hora y media de Aalborg, estando ahí a unos 30 grados, en Skagen tuviéramos una temperatura de 22 grados y un viento que daba la sensación de estar todavía a menos grados aún.

Chaquetas en mano, empezamos dando un paseo por la larga playa que debemos recorrer hasta una lengua de arena en la que se juntan dos mares: el Mar del Norte y el Mar Báltico. Nada más empezar estamos muy animadas pero se va haciendo largo. Vemos que hay una especie de tren que nos podría llevar de vuelta a donde hemos aparcado el coche, pero para nuestra desgracia no es gratuito. Toca volver andando.

Con el viento que hace no entendemos como puede hacer gente tirada tomando el sol, que son pocos, pero igualmente no se entiende. Nosotras llegamos a mojar los pies en el agua y comprobamos que efectivamente está helada.

En cuanto conseguimos la foto en la Punta Grenen empezamos nuestro camino de vuelta hasta el coche. No se hace tan largo como pensábamos, solo que cuesta más al ir caminando por la arena. Además hace mucho calor, algo que no esperábamos en Dinamarca.

Después de comer algo (en modo gitaneo y de supermercado) vamos a visitar Den Tildandede Kirke; una iglesia enterrada de la cual solo puede verse parte de la torre, ya que lo demás fue derribado. No es nada del otro mundo. Una foto por cumplir y seguimos nuestra ruta en coche.

De ahí nos acercamos a las dunas de Råbjerg Mile, donde a cada paso que doy se me llenan cada vez más las zapatillas de arena. Es complicado buscar un buen ángulo desde el que sacar la foto, ya que hemos coincidido con bastante gente. Pero nada es imposible y aquí están las pruebas.

Para terminar la ruta paramos en Hirtshals. Ahí además de las vistas acompañadas de un bonito faro, tenemos la oportunidad de entrar a visitar un búnker.

Al volver a Aalborg pasamos por un supermercado para comprar la cena y nos sentamos en una de las cien mil mesas que hay a lo largo del paseo junto al canal. Hay un montón por todas partes, donde cualquiera puede sentarse y comer, tomar algo o simplemente descansar un poco. Es algo que nos está gustando mucho.

Y sin más energía en el cuerpo, nos damos una ducha y caemos muertas en la cama. Nos parecen unas camas maravillosas aunque puede que sea solamente por el cansancio acumulado.

En nuestro segundo día volvemos a hacer malabares para desayunar las tres en la microhabitación y recogemos todo para coger el coche en dirección a Aarhus.

La ciudad sigue igual de muerta que estos días atrás. A pesar de que a las tardes cierren pronto las tiendas, no hay gente tomando algo por las terrazas de los bares. Pero es que por la mañana, que es cuando deberían estar las tiendas y establecimientos abiertos, la ciudad se siente demasiado tranquila y en silencio. No entendemos nada.

El país no es muy grande y gracias a eso los trayectos en coche son muy cortitos. En algo más de una hora estamos en los alrededores de Aarhus. Aunque antes de ir al hostel, pasamos por el parque Marselisborg Deer en el que hay un montón de ciervos sueltos. No les llevamos nada de comer y no nos hacen mucho caso. Pero damos un buen paseo y disfrutamos de verlos pasear. Son preciosos.

Salimos y pasamos por un Lidl de camino al hostel para comprar la comida, cena y desayuno del día siguiente. La compra en el supermercado es cara, pero no tanto como irte a un restaurante a comer. ¡Los precios son una locura!

Dejamos todo en el hostel, preparamos rápido unos bocatas y nos vamos a hacer un free tour por el centro de la ciudad. Es la segunda ciudad más grande del país, y tampoco es tan grande.

Juliana es nuestra guía, una chica muy dulce y simpática, que nos cuenta cosas muy interesantes sobre la historia de Aarhus.

Después de dos horas y media de tour estamos cansadas pero todavía queda dar un paseo por nuestra cuenta por el barrio latino y volver a Mølestien; una calle que hemos recorrido con el free tour donde creemos que Jara ha perdido su cantimplora. Y efectivamente ahí está. No dudábamos de ello, ya que los daneses no tienen pinta de hacer esas cosas. Obviamente aprovechamos para hacer unas pocas fotos más (unas 200 aproximadamente).

Ahora sí que sí ha llegado el momento de sentarnos a tomar aunque sea un café. Lo agradecemos muchísimo, ya que además del cansancio, estamos pasando bastante calor. Pensábamos que la temperatura sería más fresca de lo que está siendo.

De vuelta al hostel preparamos la cena en la cocina común. Nos apetecía salmón. Lo que no nos apetecía es dejar medio hostal oliendo a pescado, pero es lo que hay. La cena nos sabe a gloria. Y la ducha de después mejor todavía. Mañana nos levantaremos algo más tarde ya que no tenemos prisa. ¡Disfrutémoslo!

3 comentarios en «Nuestro primer viaje juntas»

  1. AITONITA DE JARA

    Sois la lec…y que bien lo compartís como en otros viajes se ve que lo vivís a tope. Gracias por todo y el reportaje fotográfico da la sensación que lleváisi todo un grupo de profesionales. Cuidaros las CUATRO
    incluida mi nueva biznieta.

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