Ta ibili munduan

La Dinamarca vaciada

Hoy es un gran día. Es día de aprovechar para levantarnos algo más tarde de lo habitual y desayunar con tranquilidad. No es que llevemos muchos días de viaje, pero la verdad que estamos algo cansadas. La edad va pasando factura.

Recogemos toda la habitación y nos movemos en nuestro cochecito hasta Odense, para visitar un castillo por los alrededores. Como he dicho, nos hemos levantado algo tarde y, tras dos horas de coche, llegamos al Castillo Egeskov sobre las 14:00 después de haber pasado por un supermercado.

Pagamos la entrada al castillo (lo cual se parece bastante a un atraco a mano armada) y nos sentamos en los jardines exteriores para comer nuestros bocatas. Sabemos que tenemos que entrar al castillo para visitarlo, pero mientras comemos disfrutamos de las vistas hacia un parque muy chulo. Dudamos de qué hacer primero, pero somos responsables y primero visitamos el castillo por dentro, pasando por una nave llena de coches antiguos preciosos y paseando por unos jardines espectaculares.

Claramente, según salimos del castillo, vamos directas al parque. Una colchoneta gigante, columpios que giran, mareo por aquí, mareo por allá… La verdad que es muy divertido. Aunque la risa se nos corta de manera radical cuando a las 17:05 alguien dice: ¿al alojamiento de hoy no había que llegar antes de las 17:00 para hacer el check-in?

Entramos en pánico y pasamos varios minutos sin saber muy bien qué hacer, hasta que conseguimos hablar con el alojamiento y nos comentan que las llaves de la habitación las encontraremos en el mostrador de recepción con nuestro nombre.

Ahora más tranquilas, vamos hacia allí. Además, al llegar vemos que en recepción hay otros 7-8 sobres esperando a que sus dueños lleguen al alojamiento. Así que no somos las peores.

Y, a pesar de habernos levantado tarde, decidimos ir al súper y quedarnos sin hacer mucha cosa en el mismo alojamiento. Tiene unas zonas comunes muy bien aprovechadas. Nos preparamos la cena, echamos una partida de Red 7 (juego totalmente nuevo para Jara y para mí) y escuchamos un capítulo más de El Caso 63.

El Caso 63 es una serie en formato podcast para escucharla en Spotify. Me la recomendó Endika, me escuché la primera temporada en casa y ahora la estoy escuchando otra vez con Noe y Jara. Así podemos seguir escuchando juntas la segunda temporada. La verdad que es muy interesante y totalmente recomendable si te gusta la ciencia ficción.

En nuestro cuarto día recorriendo Dinamarca nos toca visitar Odense. De nuevo, se trata de una de las ciudades más importantes de Dinamarca, al igual que Aalborg y Aarhus. Y pasa exactamente lo mismo; no hay gente por las calles, los comercios parecen vacíos o cerrados, y da la sensación de que no vive nadie allí. Tenemos la suerte de llegar de casualidad a un parque en el que hay una especie de teatro musical muy chulo. Así que aprovechamos para quedarnos un rato a verlo.

Sin mucho más que hacer, dejamos Odense para ir a Møns Klint, nuestro último destino antes de pisar la capital, Copenhague. De camino toca pagar un peaje bien caro para cruzar un puente larguísimo entre dos islas y, como ya es costumbre, paramos de camino para comer. Hoy toca tupper de ensalada de pasta que nos hemos preparado en el hostal antes de salir.

Según llegamos al alojamiento cerca de Møns Klint, dejamos las cosas en la habitación y nos acercamos a los acantilados. Puede que tuviéramos las expectativas muy altas y por esa razón nos quedamos algo decepcionadas al llegar. No hay un punto en el paseo a lo largo de la costa desde el que se puedan apreciar bien los acantilados.

Hacemos el camino de vuelta y, después de dudarlo mucho, nos animamos a bajar las escaleras hasta la parte más baja. Y, sinceramente, me gusta bastante más el paisaje desde ese punto. Se ve más bonito. ¡Ha merecido la pena!

 


Nos sacamos otras 300-400 fotos (individuales, de grupo, del paisaje…) y nos metemos un paquete de pistachos al cuerpo para coger fuerzas y subir todas las escaleras de vuelta al coche. Ya sea por los pistachos o porque estamos en forma, no se hace tan dura la subida como pensábamos. Y eso siempre da un chute de energía.

¿Alguien puede imaginarse qué hicimos de camino al alojamiento? ¡Claro que sí! ¡Parar en un supermercado! Además, volvemos a tener cocina compartida, por lo que podemos cocinar la cena y cocer pasta para los tupper del día siguiente. ¡Una maravilla!

Cenamos unas pizzas mientras nos explota la mente escuchando otro capítulo de El Caso 63. No podemos parar, estamos enganchadas pero a la vez no entendemos nada y cada una tiene sus teorías. Somos incapaces de entender lo que nos cuentan, así que entendernos entre nosotras es todavía peor.

Cuando se termina el capítulo nos vamos a la cama. No sé cómo consigo meterme en la cama y dormirme después de sacar un bicho “enorme” de entre mis sábanas. ¿De dónde ha salido?

Como de costumbre duermo estupendamente sin acordarme del bicho y nada más despertarnos empezamos a recoger la habitación. Nos preparamos el desayuno y los tupper para el mediodía y dejamos el alojamiento. No sin antes dar un par de saltos en las camas elásticas que tiene fuera. Y literal que son dos saltos, porque nada más empezar Noe me avisa del avistamiento de dos mega-arañas gigantes y salgo corriendo de ahí.

Sin tener demasiado concretada la ruta para el día de hoy, decidimos empezar acercándonos a Stege. Donde ocurre lo previsto: no hay nadie por las calles y no hay nada que ver. Aunque de repente asoma un rayo de esperanza y vemos una oficina de turismo. Entramos y, después de pensarlo mucho, decidimos irnos a visitar un par de monumentos megalíticos que en las fotos se parecen al Stonehenge.

No tardamos demasiado en llegar al primero, ya que el país en general es pequeño. Vemos un pequeños montículo de tierra, tras el que espero encontrar unas cuantas piedras mal puestas. Pero estoy muy equivocada. En realidad se trata de varias tumbas, por lo que las piedras están debajo de ese montículo de tierra y no se ven.

Se puede entrar dentro y, solo porque ya estamos allí, nos adentramos por las cuatro piedras que hay, agachándonos un poco. No tiene mucho fondo y no es demasiado amplio, por lo que no tardamos en salir de allí muertas de la risa.

Pero como somos unas cabezonas de manual, nos empeñamos en ir al segundo punto donde ver estos monumentos, ya que hemos visto fotos donde se ven las piedras en el exterior.

Por segunda vez, estamos equivocadas y encontramos exactamente lo mismo que en el primero. Nuestro gozo en un pozo.

Seguimos adelante con nuestro viaje, ya que no hay mucho más que rascar por aquí. Cogemos el coche y, tras un par de puentes y carreteras sobre el agua, llegamos a Vordingborg; un pequeño pueblo, mucho menos importante que los que hemos estado visitando y todavía más vacío aún.

Encontramos una zona con varios bares y un parque donde nos sentamos a comer. Como en todas partes, encontramos una mesa en la que acomodarnos y sacar nuestros tuppers. Lo único que nos falta es algo de postre, así que nos venimos arriba y nos sentamos en una cafetería y pedimos unos cafés y unos helados. ¿Qué más se puede pedir? El café me sabe a gloria y el helado es pura fantasía.

Todo idílico hasta que… Noe me avisa que tengo algo en mi camiseta. ¡Una araña! ¡Una araña enorme! No me da tiempo prácticamente ni a verla ya que me levanto de la silla de un salto y empiezo a sacudirme como si estuviera loca. No puedo parar, no puedo sentarme, no puedo seguir disfrutando de mi café como lo estaba haciendo hasta ahora. Pero lo peor es que me planteo: ¿llevo desde la mañana con esa araña encima? Solo me vienen a la mente las arañas de las colchonetas y me empieza a picar todo.

Sin terminar de apoyar el culo entero de nuevo en la silla, nos terminamos los cafés y pasamos de visita por Stevns Klint. Son unos acantilados muy parecidos a los de Møns Klint, por lo que no nos resultan demasiado atractivos y pasamos sin demasiada emoción por ahí.

Es hora de dirigirnos hacia Copenhague, la capital. Tenemos todas nuestras esperanzas puestas en ella. Esperemos que haya más ambientillo que hasta ahora. Encima nos vamos a alojar en el Marriot, un hotelazo del que nos aprovecharemos gracias a una oferta que le hacen a Jara. Comparando con los sitios que hemos estado nos sale casi más barato y es infinitas veces mejor.

Aparcamos el coche en la entrada, hacemos el check-in, nos dan nuestras tarjetas y vamos a ver cómo es nuestra habitación. O eso esperábamos. Porque las tarjetas que nos han dado no funcionan. Llegamos a bajar hasta tres veces a recepción sin conseguir abrir la puerta. Muertas de la vergüenza, parece ser que no es nuestra culpa y que la habitación está bloqueada. Terminan cambiándonos de habitación y por fin entramos. ¡Qué maravilla de vistas y qué maravilla de camas! Voy a soñar con los angelitos.

Sin relajarnos demasiado, dejamos las cosas y nos acordamos que tenemos el coche sin aparcar. Bajamos y, sin dar mucha vuelta, encontramos sitio fácil. Ponemos la OTA para no tener que madrugar demasiado y nos vamos al… ¡Supermercado! Si alguien piensa que vamos a estar durmiendo en el Marriot y gastando en los restaurantes a lo loco está muy equivocado. Nos haremos nuestro propio desayuno buffet en la habitación.

Dejamos la compra en la habitación y, viendo que es tarde y no merece la pena gastarnos mucho en la cena, terminamos cenando en un KFC. Lo cual es una maravilla porque adoro el pollo, pero para ser una cadena de comida rápida no es tan barato como pensábamos.

Por último, antes de terminar este post, he de confesar que puede que no hayamos acertado demasiado con la ropa. Los primeros días tuvimos suerte y nos hizo muy bueno. Pero ya me estoy arrepintiendo de no haber traído más ropa de abrigo. Volvemos a casa bajo la lluvia y tendemos la ropa al llegar a la habitación de lo mojada que está. Nada más que añadir.

2 comentarios en «La Dinamarca vaciada»

  1. Tutty

    Holaaaaaaaaaa
    Por fin, de nuevo, ahí estáis!!!!!
    Siempre cosas nuevas.
    Ahora bien:
    1. Efectivamente, cada vez tienes menos tiempo para hacer la maleta entre viajes
    2. El seguro a todo riesgo es maravilloso
    3. Nadie ha grabado el momento de «me tengo que deshacer de la araña como sea». Lo que daría por ver ese baile!!!!!

    Chicas!!! Seguir disfrutando (y ahorrando, que mayores os estáis haciendo)!!!

    Muchísimos besos a las tres!!!!!

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